¿Por qué soy otaku?
Antes de escribir sobre por qué me etiqueto como 'otaku', quisiera comenzar con el tema principal: El porqué.
Desde que tengo uso de razón, recuerdo haber visto anime. Empecé con el favorito de mi padre, Astroboy. Luego con Candy Candy, Ángel, Marco, Kimba, y otros del gran Tezuka. Creo que lo primero que me llamó la atención del anime fue esa estética que no veía en otros dibujos animados.
Con el paso del tiempo, llegó mi fanatismo, ya que primero empecé viendo por televisión -como todos-, devorando cada serie que transmitían, luego coleccionando figurines y después DVDs. Busqué foros en internet sobre comunidades de anime y me choqué con los mangas -poquísimos- traducidos y con link en Megaupload (RIP).
Ya cuando tuve 14 años, conocí a mi primer amigo otaku. Nos vimos en una esquina muy transitada en mi ciudad natal; me puse muy nerviosa... No sabía si iba a resultar esto de hablar con alguien que sea como yo. Tres doritos después, me encontraba riendo y pasándola de lo lindo. Me sentía realmente yo.
̶M̶i̶e̶r̶d̶a̶,̶ ̶l̶l̶e̶g̶u̶é̶ ̶a̶ ̶e̶s̶e̶ ̶n̶i̶v̶e̶l̶.̶
Me encantaba participar en foros, y uno en especial que recuerdo con cariño es Perumanga. Ahí inicié un clan de fanáticos del animanga llamado Kakumei. Éramos como amigos de toda la vida. Cada vez que prendía la PC, ese era mi mundo. Un mundo en el que poco a poco fui metiéndome de lleno. Ya no era solo coleccionar y devorar, era gastar mi tiempo metida en mi habitación viendo anime, leyendo manga, descargando anison y disfrutando a cada momento de mi burbuja o zona de confort. Ya ni siquiera me interesaba salir o tener amigos en la "realidad". Era llegar del cole, meterme en mi cuarto y dormir para ir al cole otra vez. Por alguna razón, esto no me hizo mala alumna. De hecho, era la primera de mi clase. (Sí, muy raro, pero luego comparé con mis amigos y a ellos estaban en la misma situación). Cuando salí del colegio, me tomé un año sabático, porque estaba harta de la escuela. En ese año, me escabullí tanto en eso que llegué a perder conocimiento de la fecha y la hora. Todo el día, todos los días era un día de anime y manga, y eso era todo.
¿Mi familia? No los conocía. Vivía en una casa de tres pisos, con mucha gente dentro: Mis hermanos, mis tíos, la abuela y mis padres. Mis padres y yo vivíamos en un departamento en el segundo piso, y en más de un año no me vieron la cara porque estaba encerrada -literalmente- en mi habitación. Quería evadir cualquier intento de calor familiar y buscar un refugio en el anime. En ese entonces, mis padres ya estaban planeando divorciarse, y mi vida de adolescente no fue tan buena como para querer volver a ella. Los problemas te ciegan, pero faltaba mucho para darme cuenta de eso, porque me sentía diferente en ese pequeño mundo que había creado. Todo estaba bien mientras no toque el mundo real.
Mi madre, ya cansada de tenerme ahí tanto tiempo, decidió ponerme a estudiar al menos algo que me gustara. Y como en ese entonces no quería ir a la universidad, empecé con la carrera de diseño gráfico. Por primera vez hice amigas del mismo sexo, lo cual era -y es- difícil para mí. Ellas me motivaron a cambiar un poco mi forma de ver la vida, que el mundo real no es taaan malo como pensé que era. Pero llegó el momento de despedirnos al terminar, y volví a encerrarme. Y ahora se ya puso peor: Ya no dormía, no comía y no quería saber nada más que de anime o manga. Fueron años duros, en los que me perdí completamente. Me desvanecí abruptamente hacia esas figuras, colores y guiones estupendos. Y no, no era una "otaco caguai", nunca he mostrado otra personalidad, ni creía que Japón era lo más "sugoi" del mundo. Creo que esa moda de comportarse como retrasado mental vino después, con los más pulpines (chamacos). Me sentía fascinada por el animanga, no por Japón ni su cultura. No hablaba como otaco, sino como una obsesiva por saber más de cada anime que iniciaba, los estudios de animación, las críticas hasta de los directores. Me metía en todo: Foros, radio, cuentas premium y participaba en encuestas.
Si te sabes todas las referencias, tienes problemas, como yo.
Hasta que un gran día, con ayuda de mis amigos, pude salir de ese mundo. Lo sé, suena como rehabilitación de drogas y tal, pero todo en exceso es dañino, y me estaba deteriorando poco a poco. Las terapias fueron largas, pero con perseverancia al fin supe cómo regular mi vida. Sabía diferenciar la realidad de la ficción, pero no hallaba la manera de cómo dejar atrás esa obsesión por lo irreal, por lo utópico y la belleza que me daba el anime. Decidí animarme por estudiar de nuevo, trabajar y volver a tener una vida "normal". Y lo puse entre comillas, puesto que en realidad no considero tener una vida normal hasta ahora. Aún conservo ese lado otaku que me fascina. Sé que aunque pasen ochenta años, nunca dejará de atraerme ese mundo; sin embargo, también puedo salir con amistades, rodearme de gente random, ir a eventos políticos, conciertos de hipsters, ver a Messi en acción en cada actuación del Barça, escuchar música normie a veces o leer cosas que no sean manga. No tengo que arrepentirme de nada, pues esos días, aún si fueron duros para mi salud mental, fueron maravillosos y me enseñaron a ser quien soy. Aprendí que debemos saber enfrentar nuestra vida, porque es preciada, y que ocultarse está bien, pero no cuando lo haces por tanto tiempo. Las personas no son tan malas como piensas. A veces sí lo son, pero hay muchas otras que dan todo por verte bien y feliz. Y eso no tiene precio.
No, jamás me arrepentiré de ser quien soy.
Ah, ¿por qué "otaku"? Porque en mis tiempos así se le llamaba (lol), y me gusta. No me importa si es una etiqueta, me siento así de alguna manera; porque para toda esta historia, siempre debe quedar una secuela: Mi secuela otaku.
Imágenes reales de mi habitación cuando era adolescente.
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"Tanto anime por ver y tan poca vida, ¡Ay!".
-Anpa, la otaco.






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